A la hora de estudiar el sistema de medios de comunicación, el mapa de la provincia de Castellón resulta muy singular. No tanto por la voluntad de control por parte de unos dirigentes políticos envueltos en conocidos escándalos de corrupción, sino como por el dinamismo que ha mostrado tradicionalmente su sociedad civil a la hora de participar en los medios. En una provincia con unas condiciones geográficas tan particulares, que ha derivado en una dispersión de medios de ámbito local y comarcal, el valor de la sociedad civil pasa por volver a tomar conciencia de la necesidad de mejorar la sociedad. Porque ese dinamismo tradicional se ha visto frenado por el sistema político valenciano, que ha apostado por la desmovilización de la ciudadanía. Ésta sería un de las ideas principales que sostiene Andreu Casero, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universitat Jaume I, y uno de los mejores conocedores del sistema mediático de Castellón. La solución pasa, según él, por volver a recuperar para la sociedad civil el protagonismo perdido en los últimos años.

Andreu Casero, en su despacho de la Universitat Jaume I
“Al sistema político valenciano le viene muy bien este sistema mediático desestructurado”, sostiene Casero, “porque con un sistema comunicativo desarticulado, la sociedad civil también está más desarticulada, menos movilizada y menos escandalizada por determinadas actitudes políticas”. Es una reflexión que nos lanza en la entrevista que mantuvimos con él el pasado 7 de febrero. Sale, así pues, el ineludible tema la corrupción política, presente en los medios de comunicación desde hace años en la provincia. Y uno se debate entre la necesidad de hablar de la corrupción, de combatirla, y el hartazgo que debe de producir en Castellón que se hable tanto de ese tema. Pero Casero no se esconde. Todo lo contrario, lo explica con pelos y señales porque los medios de comunicación son también responsables de esta situación: “Cuando nos observan desde fuera hay muchas cuestiones que resultan inexplicables: por qué hay tanta aceptación de la corrupción política, por qué se permite la instrumentalización de la televisión pública, etc.” Y la respuesta a esta complacencia es una respuesta global, pero que también afecta a los medios de comunicación: “Desde el ámbito político se ha buscado con mucha intensidad la desactivación de la sociedad civil valenciana a múltiples niveles. Uno de ellos ha sido, sin duda, en el ámbito comunicativo”. Y concluye: “Se trata de un movimiento que ha acabado derivando en ese atolondramiento global de la sociedad valenciana, de esa resignación en la que se ha caído y en que parece que nadie sabe muy bien qué hacer”.
¿Hay algo que se pueda hacer? Se lo preguntamos porque existe esa resignación igual que existe la voluntad de encontrar respuestas. Pero encontrar respuestas supone formularse adecuadamente las preguntas. Para empezar: ¿cuándo se torció esa visión de los medios como servicio público en un instrumento del poder? Porque, en los años 80, la provincia de Castellón era una sociedad muy viva, en la que le gente se implicaba con los medios de comunicación, daba a conocer las actividades de su asociación, de su municipio. Las personas y entidades colaboraban en las emisoras de radio locales, enviaban escritos a los periódicos, participaban en definitiva. Proliferaron los medios en zonas del interior, donde era muy difícil que los grandes medios accedieran. Sin embargo, esa situación se detuvo. “El mapa mediático se ha quedado congelado en el tiempo, sin avanzar hacia nuevas apuestas más allá de la zona de Morella, Benicarló-Vinaròs o el Alto Palancia. Se ha perdido la oportunidad de articular el sistema comunicativo valenciano desde abajo. Yo creo que el ámbito provincial (que sigue siendo el dominante) no es ni de lejos el mejor para construir un sistema mediático coherente”, reflexiona Casero. Y la incoherencia de ese sistema arrancó con la creación del ente público autonómico: “En la Comunidad Valenciana se ha perdido claramente la apuesta de Canal 9. Se trata de una responsabilidad netamente política puesto que hablamos de una televisión pública que debería tener un planteamiento de servicio público. Ni ahora con el Partido Popular, ni tampoco con el PSPV-PSOE cuando creó el ente, ha servido para articular una identidad valenciana.” Ahí estaría el germen que ha dado paso a una sociedad, la valenciana, deslabazada en lo comunicativo y desmovilizada en lo social.
¿Y cómo podemos empezar a trabajar en la solución, una vez conocido el problema? Andreu Casero completa su reflexión con una propuesta de trabajo: ” Ahora es muy complicado, dada la magnitud del problema, convertir Canal 9 en el medio que debería haber sido desde el principio. Pero no se tiene que renunciar a otras apuestas: a potenciar los medios locales o comarcales para reconstruir el sistema comunicativo valenciano desde la base. Los medios provinciales ya están consolidados, tienen una estructura fija, con lo que el trabajo debería hacerse desde abajo, desde ámbitos más pequeños. Las nuevas tecnologías, como antes la radio, permiten incorporar a los ciudadanos de los pequeños territorios para que participen en los nuevos medios. De hecho, los medios que han hecho esto han acabado por fundirse en su comunidad, y los ciudadanos han acabado percibiendo esos medios como propios”. La conclusión pasa por un mayor nivel de exigencia: “Se tiene que pedir más, una mayor concienciación de la importancia de los medios de comunicación, que apuesten por su servicio público, no quedarse sólo en su función lúdica”. Porque un sistema comunicativo plural es reflejo de una sociedad civil viva, que no se limita a mirar con resignación la corrupción política o a asumir las injerencias políticas en los medios de comunicación.



